Nacido en la ciudad bonaerense de San Nicolás de los Arroyos, Argentina en el año 83. Pegado a una
guitarra desde los 11, fue finalista de los Torneos Juveniles Bonaerenses en la categoría de solista
de guitarra en los años 96 y 97. Comenzó por ese entonces a acompañar a su padre en su repertorio de
folclore y tango con quien aprendería dos cosas fundamentales que le acompañarían el resto de su
carrera: el respeto por las canciones y que siempre hay que seguir al cantante.
A la sombra de los ritmos folclóricos y de las canciones de autor crecería su curiosidad por estilos
diversos y casi antagónicos. Tanto que no fue capaz de ubicarse nunca bajo el techo de ninguna
etiqueta. Este es un desamparo que continúa aún hoy, siendo demasiado hippie para sus amigos
abogados y demasiado formal para sus amigos hippies. Blues, bolero, rock, reggae, bossa nova... No
hay género al que la valentía que infunde la ignorancia no le permita enfrentarse con el paradójico
resultado de salir siempre airosamente derrotado.
Con su emigración a España, concretamente a la ciudad de Zaragoza, comenzó su andadura fuera del
cobijo musical del ala paternal y con ello la llegada a su vida de artistas que irían moldeando y
poniendo a prueba sus habilidades y su incapacidad de decir que no. Así se embarcaría en el tango y
la murga del juglar porteño Ariel Prat, con quien recorrería buena parte de la geografía española y
francesa; en la compañía teatral que crearía con el actor Javier Harguindeguy; en su dúo más longevo
con la cantante Patricia Badian, en la compañía teatral de Santiago Melendez para quien compondría
la música de una de sus obras y a quien acompañaría en otras 2 y en la jauría habitual donde
compartiría escenario con músicos de la talla de Chabi Benedé, Nico Cassinelli o Ángel González.
En el año 2012, tras ser bendecido con el despido de un trabajo ingrato, se traslada a la ciudad de
Huesca donde se gradúa como Técnico Superior de Sonido, aprendiendo por fin para qué servían todos
esos botones que llevaba años apretando.
A principios del año 2015, tras un breve paso por el mundo de las orquestas donde cosecharía
valiosas amistades y privación severa del sueño desembarcaría (de forma literal) en la isla de
Mallorca. Allí se quitó las vendas manchadas de sangre imaginaria producida por los estigmas del
arte callejero, con el que reafirmó la importancia vital de ser feliz haciendo lo que uno hace. Y
desde entonces comparte su felicidad acompañado de cantantes de la talla de Sandra Backwinkel,
Viviana Di Iulio o Karina Recchimuzzi.
Tarde descubrió que escribir canciones es un ejercicio y que es muy probable que la segunda canción
sea mejor que la primera. En los últimos años ha repartido su tiempo entre las más de 100
actuaciones anuales con la composición de sus canciones y la producción de artistas emergentes.
Actualmente afirma no tener en su discurso más que una verdad: el alcance del arte es proporcional
al amor y dedicación que uno pone en él.